Aunque los españoles son mayoría en cifras absolutas, los extranjeros cometen un número de delitos desproporcionado en relación con su tamaño poblacional.
Las declaraciones de Pilar Alegría, ministra y portavoz del Gobierno, insistiendo en que “El 73 % de los delitos fueron cometidos por españoles en 2023”, son técnicamente ciertas, pero incompletas y engañosas. Para comprender lo que realmente revelan los datos, hay que examinarlos con rigurosidad: no sólo en cifras absolutas, sino también en relación a la población de cada grupo.
- Según el INE y el Ministerio del Interior, la población extranjera en España representaba un 14 % al 1 de enero de 2025 (unos 6.85 millones de personas) Fuente.
- Sin embargo, los extranjeros concentraron alrededor del 27 % de los delitos cometidos en 2023, mientras que los nacionales representaron el 73 %, como reconoció la ministra .
- Esto significa que la tasa de delitos por cada 1 000 habitantes es más elevada entre extranjeros: diversos análisis arrojaron cifras como 48,6 detenidos por cada 1 000 extranjeros en Cataluña frente a 8,43 españoles Fuente
- En el conjunto de España, el INE señala que la tasa de condenados por cada 1 000 adultos fue de 14,6 para extranjeros y 5,8 para españoles, es decir, 2,5 veces mayor.
Desde una perspectiva estrictamente estadística los datos muestran que, proporcionalmente, la delincuencia es mayor entre las personas extranjeras. Ahora bien, ceñirse a ese dato sin contextualizar sería caer en una visión sesgada que olvida factores determinantes.
Aunque los españoles son mayoría en cifras absolutas, los extranjeros cometen un número de delitos desproporcionado en relación con su tamaño poblacional. Ajustando por habitante, la tasa delictiva entre los extranjeros es aproximadamente 2,5 veces mayor que entre los nacionales.
En Cataluña, por ejemplo, el dato es todavía más claro: Los extranjeros representan allí el 16 % de la población, pero más del 40 % de los detenidos. En cifras estatales, los extranjeros constituyen un 13–14 % de la población y cerca del 27 % de los delitos.
Uno de cada tres presos en España es extranjero
En las prisiones españolas, la sobrerrepresentación de extranjeros es aún más marcada. Según los datos oficiales de Instituciones Penitenciarias (mayo de 2025), el 32,7 % de los internos son extranjeros, más del doble de su peso demográfico.
- Marruecos: casi el 30 % de los presos extranjeros (unos 5 471 internos).
- Colombia: 9,3 %.
- Rumanía: 7,4 %.
- Argelia: 6,7 %.
- Otras nacionalidades relevantes: peruanos, dominicanos, senegaleses y albaneses…
Es decir, uno de cada tres presos en España es extranjero, y dentro de ese grupo, marroquíes y argelinos concentran las tasas más elevadas.
Aunque los datos son claros, las razones no son tan sencillas. Hay factores estructurales que influyen de manera decisiva.
Por un lado, la población inmigrante es más joven en promedio, y los jóvenes son los que más delitos cometen, independientemente de su origen. Por otro, las condiciones socioeconómicas de precariedad, exclusión y marginalidad son caldo de cultivo para ciertos delitos, sobre todo hurtos, robos o tráfico menor de drogas.
Las palabras de Alegría, aunque técnicamente ciertas en términos absolutos, son un ejemplo clásico de cómo una verdad incompleta se puede convertir en un argumento político engañoso.
El dato de que los españoles cometen el 73 % de los delitos es irrelevante sin tener en cuenta que son ocho veces más numerosos que los extranjeros.
Este tipo de discursos, más orientados a desactivar al adversario político que a informar a la ciudadanía, acaban dejando un sabor amargo. Porque los datos reales están disponibles, pero rara vez se explican con claridad y contexto.
No se trata de criminalizar a los inmigrantes, ni de ignorar los problemas. Los datos muestran que la gran mayoría de los extranjeros en España no comete delitos, pero también muestran que ciertos colectivos tienen tasas delictivas más altas, y negarlo no ayuda a nadie. Ignorar la proporción de delitos y presos extranjeros impide diseñar políticas eficaces para combatir las causas reales: Precariedad, falta de integración y control social.
Presentar sólo las cifras absolutas, como hizo la ministra, es simplificar una realidad compleja para ganar un titular fácil. Y esa simplificación, en última instancia, perjudica a todos: a quienes quieren una convivencia real y a quienes exigen respuestas al fenómeno de la delincuencia.

